Me enamoré en un túnel, uno de esos donde bajas del autobús.
Él vio una rata y por esquivarla chocó conmigo, de no haberlo hecho yo jamás lo hubiera visto, yo nunca veo nada.
-¡Ay perdón! - Dijo y me tomó del brazo para evitar caer – no pases, hay una…
- ¡Rata!- y ahora fui yo quien lo tomé del brazo y de la cintura para evitar verla.
- Jajajajaja , si eso mejor pasamos por el otro lado. No te vayas a caer
Salimos del túnel por la escalerita y se despidió de mí. Se rió, no sé si se burló.
Él tomaba ahí su camión, todos los días como a las cinco yo también, casi, los viernes no.
Él me sonreía o sacudía la mano cuando me veía, yo hacía lo mismo.
Él me sonreía o sacudía la mano cuando me veía, yo hacía lo mismo.
Un día nos subimos a la misma ruta, la mía, él iba a comprar algo, unas cuerdas o no sé qué.
Se sentó conmigo y empezó a platicar yo le sonreía y me pareció que el camino a ‘pozitos’ fue muy corto.
Lo volví a ver varias veces, esperábamos cada quién su ruta y hablábamos de todo… de nada en realidad.
Lo volví a ver varias veces, esperábamos cada quién su ruta y hablábamos de todo… de nada en realidad.
Él cantaba, hacía otras cosas pero nada parecía iluminarle la cara como hablar de su trabajo de fin de semana. Yo tenía un nuevo trabajo, nada interesante pero hacía algo los fines de semana también, tomaba fotos, eso me iluminaba el rostro y así iluminados ambos nos sentábamos a esperar de 5 a 10 minutos en el túnel rogando a Dios que no saliera otra rata
Yo tenía que encontrar casa, la renta de la que habitaba era muy cara.
Él conocía una barata. La casa tenía un problema estaba en Su ruta, a mi me parecía perfecto, a la gente que la habitaba antes no tanto. No les gustaba despertar de jueves a domingo a las once de la noche con la misma canción.
Él conocía una barata. La casa tenía un problema estaba en Su ruta, a mi me parecía perfecto, a la gente que la habitaba antes no tanto. No les gustaba despertar de jueves a domingo a las once de la noche con la misma canción.
Fui a ver la casa, era perfecta, jamás pasaría por ahí un autobús, ni niños jugando, jamás se inundaría por la lluvia y sería muy fácil barrer la banqueta de treinta centímetros de ancho.
Lo mejor, tenía balcón y algo en él como unos aros de metal que sostenían unas macetas.
Lo mejor, tenía balcón y algo en él como unos aros de metal que sostenían unas macetas.
Me mudé, él me ayudó. Sus amigos me ayudaron. Ahora tomábamos la misma ruta.
El jueves escuché los gritos, la gente, la canción que tanto odiaban los vecinos, ‘Contigo’ Me asomé a la ventana, la abrí poquito y me vio, sonrió.
Para el domingo yo ya abría toda la ventana y cantaba con los demás.
Dos semanas después despierto a echar un poco de agua a mi banqueta, hay una rosa roja en la mesa de mi sala.
Me recuerda que anoche me dormí escuchando ‘contigo’
Me recuerda que anoche me dormí escuchando ‘contigo’
Dos semanas después él despierta para tomar el autobús que lo lleva al trabajo y hay un nuevo listón en su mesa.
Le recuerda que lo quiero.
Le recuerda que lo quiero.