miércoles, 4 de enero de 2012

Una casa con balcón

Me enamoré en un túnel, uno de esos donde bajas del autobús.
Él vio una rata y por esquivarla chocó conmigo, de no haberlo hecho yo jamás lo hubiera visto, yo nunca veo nada.
-¡Ay perdón! - Dijo y me tomó del brazo para evitar caer – no pases, hay una…
- ¡Rata!- y ahora fui yo quien lo tomé del brazo y de la cintura para evitar verla.
- Jajajajaja , si eso mejor pasamos por el otro lado. No te vayas a caer
Salimos del túnel por la escalerita y se despidió de mí. Se rió, no sé si se burló.
Él tomaba ahí su camión, todos los días como a las cinco yo también, casi, los viernes no. 
Él me sonreía o sacudía la mano cuando me veía, yo hacía lo mismo.
Un día nos subimos a la misma ruta, la mía, él iba a comprar algo, unas cuerdas o no sé qué.
Se sentó conmigo y empezó a platicar yo le sonreía y me pareció que el camino a ‘pozitos’ fue muy corto. 
Lo volví a ver varias veces, esperábamos cada quién su ruta y hablábamos de todo… de nada en realidad.
Él cantaba, hacía otras cosas pero nada parecía iluminarle la cara como hablar de su trabajo de fin de semana. Yo tenía un nuevo trabajo, nada interesante pero hacía algo los fines de semana también, tomaba fotos, eso me iluminaba el rostro y así iluminados ambos nos sentábamos a esperar de 5 a 10 minutos en el túnel rogando a Dios que no saliera otra rata
Yo tenía que encontrar casa, la renta de la que habitaba era muy cara. 
Él conocía una barata. La casa tenía un problema estaba en Su ruta, a mi me parecía perfecto, a la gente que la habitaba antes no tanto. No les gustaba despertar de jueves a domingo a las once de la noche con la misma canción.
Fui a ver la casa, era perfecta, jamás pasaría por ahí un autobús, ni niños jugando, jamás se inundaría por la lluvia y sería muy fácil barrer la banqueta de treinta centímetros de ancho. 
Lo mejor, tenía balcón y algo en él como unos aros de metal que sostenían unas macetas.
Me mudé, él me ayudó. Sus amigos me ayudaron. Ahora tomábamos la misma ruta.
El jueves escuché los gritos, la gente, la canción que tanto odiaban los vecinos, ‘Contigo’ Me asomé a la ventana, la abrí poquito y me vio, sonrió.
Para el domingo yo ya abría toda la ventana y cantaba con los demás.
Dos semanas después despierto a echar un poco de agua a mi banqueta, hay una rosa roja en la mesa de mi sala. 
Me recuerda que anoche me dormí escuchando ‘contigo’
Dos semanas después él despierta para tomar el autobús que lo lleva al trabajo y hay un nuevo listón en su mesa. 
Le recuerda que lo quiero.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Siete años

Ayer cumplimos siete años de casados, siete años.
Siempre supe que serías el hombre de mi vida. Siempre supe que yo te haría feliz. No sé dónde desvié el rumbo, no sé cuándo me convertí en esto

Me duele tanto el cuello, desde hace dos semanas no soporto girar la cabeza, mi cuello es un nudo, a veces te lo digo, tu volteas y me miras, luego riegas tus plantas, ves tu televisión, tu libro. Hace meses que no te importo demasiado.
Lo único que quiero es meterme a la bañera, con agua muy caliente, no tibia porque sentiría que algo falta, tal vez tú, tal vez tus piernas rodeándome.
El agua empieza a llenar el fondo, tarda tanto. Me da lástima usar tanta agua pero tengo una buena razón, dos tal vez, el dolor de cuello puede ser una. No quiero burbujas, ni sales, sólo el agua, quiero mirarme a través del agua, quiero ver cuánto he cambiado en siete años. Quiero ver qué es lo que odias tanto.

Tú también cambiaste, sigues siendo delgado y me gustan tus hombros, pero tu corazón es otro, tus ojos son otros, tu voz es otra, hace meses que sólo consigo de ti palabras de una sílaba. Hasta he llegado a reír por las noches mientras trato de quedarme dormida  y pienso en todos los enunciados que se pueden lograr usando sólo palabras de una sílaba.
Eres experto, los usas conmigo todo el tiempo, creo que debes tener una libreta llena de ellos, creo que cada día mientras limpio la casa o cocino tú haces combinaciones usando palabras de una sola sílaba para responder a cada una de mis preguntas.
‘no’
‘si’
‘tal vez’
‘no sé’
‘yo no sé’
‘¿yo qué sé?’
‘que no’
‘¿a mí qué?’
‘no sé, tú’
‘¿y tú qué?’
‘¿Ah sí?’
‘Si, ya sé’
Y tal vez el que más me hace enojar…
‘¿Eh?  No  sé, ve tú, ¿a mí qué?’

La bañera está llena, ya puedo entrar.
Me quito la ropa, la que antes me quitabas tú. Puedo sentir el agua quemar mis pies, arden. Mis piernas sienten un cosquilleo extraño, casi puedo decir que es una comezón, meto el cuerpo y el cuello se relaja, el dolor no cesa pero el agua caliente me ayuda a pensar.
Me miro, no creo haber cambiado mucho, mis caderas siguen sin tener forma y mis pechos son iguales, mis brazos no se ven muy distintos y mi cintura está ahí, no hay grasa de más. Soy bonita, lo sé y sonrío porque sólo yo lo creo.

Ayer cumplimos siete años de casados, y en esos siete años la  casa siempre ha estado limpia, siempre ha habido comida, algunas veces comprada en la fonda de la esquina pero siempre hay comida. En siete años nunca he llegado tarde a una cita contigo, nunca te he reclamado por celos aunque a veces los he sentido, en siete años te he amado y cuidado tal y como lo prometí y no me arrepiento.
Yo era esa que te escuchaba, esa que hablaba contigo noches enteras, yo era con la que reías hasta llorar mientras te retorcías en el piso. ¡Soy la misma!.
En siete años he sido primero la mujer hermosa, la que presumías, después la amiga que te faltaba en éste país que nunca te entendió, luego la persona que te acompañó a casi todos los sitios y últimamente la que te aburre con sus pláticas, la que siempre te molesta por lo que dice y la que usa la ropa que más odias, soy al final, éstas últimas semanas el mueble lleno de polvo en un rincón de tu corazón.
Ayer en nuestro aniversario las cosas fueron distintas, ayer conseguí que me hicieras dos bromas y me sentí feliz. Qué mediocre situación, cuando me fui a dormir me di cuenta de lo patético que es sentirse feliz por eso.
Hoy logré que me dijeras cinco frases largas y sin tantas monosílabas:
‘Me aburre lo que dices’
‘Cállate que no escucho lo que dicen en la televisión’
‘¿Por qué siempre tiendes mal la cama?’
‘Estás loca’
'Haces muchas tonterías'
Luego intenté tomarte la mano y diste dos pasos para alejarte de mí,
-'Déjameeeee'  Una sóla palabra, la dijiste bajito, la hiciste larga y sin mirarme


Lo único que quiero es sentir el agua caliente en el cuello, en la nuca, en el cuero cabelludo, en los ojos. Quiero sumergirme en agua caliente. Quiero que desaparezca mi cuello y mis manos, mis caderas y mis brazos, quiero llorar bajo el agua para que no se note, desaparecer un rato o unos días hasta que vuelvas a ser quien conocí, el que un día dijo en mi oido 'me haces feliz'.

Quiero gritar que te extraño tanto...

Quiero reír bajo el agua como una loca, como cuando era niña.

Aquesta nena està boja” decía mi padre... 
“Si, una mica, com tu” respondía mi madre y reían.
Tenían razón.

lunes, 21 de noviembre de 2011

21 de noviembre 1980

Cuando era niña vivía en una casa grande con ventanas enormes por donde entraba el sol. El jardín era como un bosque y en él podía encontrar lagartijas, grillitos, arañas, lombrices y uno que otro caracol.
En mi recámara había muchos juguetes un carro con pedales, muñecos con cuerpo de bola, pelotas, cajitas musicales y por supuesto mi muñeca vieja, la que era de mi mamá.
Yo sacaba todo y lo extendía en el piso, hablaba sola y corría por el cuarto, luego salía  por el pasillo con el triciclo hasta llegar a la sala, a veces, cuando mi madre no lo notaba, le daba la vuelta a la mesa de centro y volvía por el mismo camino.
Cuando era niña, me paraba en la reja de la cochera y veía a la calle, a los vecinos que jugaban. A ellos los dejaban salir con sus bicicletas, sus avalanchas… a mi no, yo no salía porque era pequeña, porque la calle era peligrosa.
Tenía todo lo que una niña podía necesitar, papá me contaba cuentos, mamá cocinaba cosas nutritivas y no me dejaba comer chatarra. Me llevaba a las resbaladillas, al parque, a casa de mi abuelita... mi linda abu, ella me daba todos los dulces y refrescos que faltaban en casa. Me regalaban juguetes  me compraban vestidos de color morado y azul porque eran los colores que más me gustaban.
Tenía todo… casi todo. Porque no tenía un amigo, hasta que llegaste. Con tus ojitos hermosos como dos triangulitos. 
La primera vez que te vi te amé, sabía que serías para mí siempre, que yo sería para ti toda la vida, que no necesitaba muñecos ni juegos y que no importaba lo que tú necesitaras, yo lo sería por ti.
Y nos peleamos tanto, y nos gritamos tanto pero te amo, siempre te he amado.
Ahora que soy grande puedo decir que no tengo jardín y tal vez nunca lo tendré, que las pelotas y los carros desaparecieron, sólo queda la muñeca viejita, que soy muy grande para dar vueltas a la mesa con la bicicleta y que las resbaladillas que entonces me parecían gigantes ahora son ante mis ojos muy  pequeñas, aunque igual de divertidas, que tengo amigos que han hecho las veces de hermanos  que algunos me son necesarios, que como muchos dulces, aunque sé que no debo, que a veces me compro vestidos y que me hace feliz saber que sigues siendo mi niño.
Te extraño tanto, a veces quisiera abrazarte fuerte y decirte que estoy triste, que hoy no dormí, seguramente me regañarías. Nos gritaríamos un poco más pero todo terminaría al darte un beso y  decir que siempre te he amado tanto niño hermoso… siempre, desde el primer día que te vi.

viernes, 18 de noviembre de 2011

18,nov.2011. 001

noviembre 2008

Mi casa es oscura a las cuatro de la mañana. Mientras los demás dormían yo abría la cajita azul.
Y dolía…
Me inventé un mundo con estrellitas que brillaban a ratos.
Con luces de navidad decoré el cuarto y así llegó la primavera y el verano…
Retraté el cielo y la calle, gente que nunca había visto, parecían tener  historias en los ojos que me urgía conocer.
Hice fotos de mi, de lo que quedaba de mi. De los lugares que alguna vez  iluminaste, fuentes, casas, parques y descubrí que eran hermosos por sí solos, que el sol brillaba igual contigo o sin ti, que el cielo estaba igual de alto y así de a poquitos empecé a sonreír otra vez